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ARCHIVO… HEMEROTECA....  ¿QUÉ ES ESTO… ¿PARA QUÉ SIRVE?

Estas preguntas se las hacen muchos ciudadanos y con ellas cuestionan de alguna manera los recursos empleados en su dotación y mantenimiento. Y no es extraño: la opinión más común es que sólo sirven para almacenar papeles y periódicos “viejos” que ya no le sirven a nadie, a excepción de unos pocos investigadores y gente con tiempo para dedicarse a curiosear por el pasado.

Y nada más lejos de la realidad. Quizás el pasado más o menos reciente de nuestro país ha influido en esta apreciación: la transparencia no es precisamente una de las galas con que se adorna una dictadura, y un Archivo abierto al ciudadano supone un ejercicio de transparencia democrática: en los Archivos y concretamente, en los Archivos Municipales, organizamos, conservamos y ponemos a disposición del usuario los documentos que genera el Ayuntamiento – la administración más cercana al ciudadano- al ejercer sus competencias sobre el municipio y sus vecinos y residentes.

                           

El Archivo y nuestra vida cotidiana

Desde que nacemos y nos empadronamos hasta que dejamos el municipio y nos dan de baja en el Padrón Municipal de Habitantes, (porque cambiamos de residencia o -en el peor de los casos- porque abandonamos este mundo cruel), muchos aspectos de nuestra vida quedan reflejados en la documentación municipal. Más pronto o más tarde nos hacen falta: porque hemos comprado un piso de 2ª mano y para pedir una subvención nos exigen un plano en determinada escala; porque queremos hacer una reforma en nuestra vivienda y necesitamos conocer las paredes maestras para no causar males mayores; porque tenemos una diferencia con un vecino sobre un garaje; porque tenemos una fuga enorme y nos urge saber por dónde van las arquetas; porque tenemos un familiar muy enfermo, vemos la inminencia de un desenlace fatal y no encontramos el justificante de haber comprado un nicho; porque tenemos un negocio y nos piden una licencia de apertura que… ¡vete tú a saber dónde la puse¡…  porque Hacienda me pide que justifique lo que pagué de contribución urbana (ahora IBI) hace 5 años y he perdido el recibo….Y no sigo por no aburrir y citar sólo los casos más comunes en el Archivo.

Como veis, nada de esto tiene que ver con la Historia y sus frikis ni con los investigadores profesionales, sino con nuestra vida cotidiana, con nuestros intereses materiales como individuos. Como colectivo de vecinos y ciudadanos, al Ayuntamiento le sirven para defender nuestros intereses cuando estos se enfrentan a otros, sean éstos de individuos, de otras administraciones o de grandes grupos empresariales.

Así pues ¿a quién le interesa el Archivo Municipal? Pues a todos los ciudadanos del Municipio, como ya han podido comprobar muchos de los que se han acercado en busca de ese documento que le iba a permitir acreditar un derecho o, simplemente, ahorrarse muchas molestias, paseos  y dineros.

 

Incluso a nivel internacional resulta a veces escalofriante percibir el valor de los documentos a los que no damos importancia más que cuando nos faltan: el caso de empresas afectadas por el atentado de las Torres Gemelas que no pudieron reanudar su actividad por haber perdido toda su documentación, o el más doloroso de Japón donde ni se va a poder saber cuántas personas en realidad han desaparecido por haberlo hecho también los archivos y registros donde constaba su existencia.

                                                                                       

Porque los documentos no los generamos por capricho o preferencias personales, sino que, por así decirlo, se nos acumulan sin quererlo: yo puedo elegir tener una colección de mariposas, o de jarras de la Guerra de las Galaxias, o de comics manga, o de películas de ciencia-ficción, pero no puedo elegir tener un archivo de contratos,  facturas de agua, luz, electricidad, escrituras notariales de los bienes raíces que tengo –si los tengo, claro-, extractos bancarios –si tenemos una cuenta corriente, por supuesto, cosa cada vez más cuesta arriba en estos tiempos que corren-e-mails de amigos (y de menos amigos). Estos documentos -y otros muchos en función de los azares de la existencia de cada uno- los recibimos queramos o no.

Y justo en eso se diferencia un Archivo del resto de Centros de Información y Documentación (Bibliotecas, Hemerotecas y Centros de Documentación propiamente dichos): en los Archivos los documentos se producen de manera “natural” como producto y testimonio de la existencia y actividad de una persona, empresa u organismo, mientras que en el resto la decisión de tenerlos es arbitraria: una Biblioteca puede decidir comprar libros de W.C. Andrews o no, mientras que un Archivo no puede elegir qué documentos tiene.

Pero sí qué documentos queremos conservar y cuáles destruir: Pasado un tiempo prudencial- que suele venir marcado por una ley-  está claro que todos eliminamos las facturas de agua, teléfono, luz, gas, pero no las escrituras o los contratos. Es decir, conservamos los documentos que nos sirven para poner de manifiesto los derechos que nos asisten y eliminamos aquellos que han dejado de tener ese valor con el paso del tiempo.

                                                                                                               

El archivo, la historia y nosotros

También en la administración municipal muchos documentos dejan de tener valor legal pero siguen teniéndolo como información y testimonio de cómo fue nuestro terruño y sus habitantes y cómo nos vamos desarrollando a lo largo de los siglos: es decir, adquieren un valor histórico porque conforman nuestra memoria como colectivo y los guardamos de forma permanente y para siempre jamás: Libros de Actas de Acuerdos, Resoluciones de Alcaldía, Padrón Municipal de Habitantes, Libros de Ingresos y Pagos, planos, fotografías y un largo etc.

Y… ¿por qué para siempre jamás? A ver, porque ya es sabido que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores -y aún así-…. Es difícil concebir cosa más desasosegante que perder la memoria de lo que fuimos-somos, a nivel individual o colectivo: ¿cómo “tiro” para adelante si no sé quién soy ni de dónde vengo? Recordemos lo mal que lo pasa el pobre Jason Bourne  (Matt Damon) y eso que tenía recursos para exportar…

Y aquí entran en escena los investigadores y aficionados a la Historia que son los que se enfrentan a pecho descubierto con los documentos para interpretarlos y contarnos a los demás nuestra historia a través de libros y publicaciones que encontramos más tarde en las Bibliotecas.

Bueno, no quiero asustar. Cierto es que los documentos son áridos (la historia no está hecha, hay que hacerla y esa es labor para la que hay que estar preparado) pero también son emocionantes. Sí, emocionantes, y no me retracto, y accesibles para todos. De hecho, muchas personas no especialistas, que empezaron a venir en busca de algo que necesitaban, han seguido haciéndolo, no ya por necesidad, sino por afición, porque la labor de investigación en un Archivo tiene mucho de detectivesca: del hilo han ido sacando el ovillo, atando cabos sueltos…especialmente los que han quedado “enganchados” de la genealogía.

              

Como vemos el “quién soy, de dónde vengo”, clásico donde los haya, pero que nos procura momentos de pura euforia, tanto al que lo encuentra como a nosotros, los guardianes de los papeles, para quienes no hay nada más gratificante que ver la alegría – porque es alegría- de un ciudadano ante un bisabuelo del que no sabía absolutamente nada, o el “pasmo” cuando se encuentran que su abuela, en realidad, se casó dos veces y tiene por ahí más familia de la que pensaba. Y esto, combinado con las redes sociales, Facebook, Twitter, etc. posibilita la reunión, a escala planetaria en ocasiones (porque hay familia que marchó a América, a Suiza…), de miembros de familias, en realidad muy extensas, cuando el que empezó la investigación pensaba que estaba “solo en el mundo”.

¿Y la Hemeroteca?                                                                              

Bueno, yo creo que esto ya nos suena más, aunque sólo sea por la frecuencia con que, en los medios de comunicación, políticos, tertulianos y grupos afines, se incitan, más o menos gentilmente, a su visita, por aquello de refrescar la memoria cuando caen – con cuánta frecuencia-  en “donde dije digo, digo Diego”.

Pues sí, en la Hemeroteca conservamos y ponemos a vuestra disposición periódicos, pero cuando tienen más de 1 año: si quiero leer el periódico de hoy o de hace un mes, o de hace cuatro, me voy a la Biblioteca; pero si quiero consultar un número del año pasado o de hace 10 o de hace 50, me voy a la Hemeroteca.

La consulta de los periódicos “viejos” es una experiencia que atrapa: cuando los estábamos metiendo en cajas e instalándolos en las estanterías, a veces veías una noticia de un hecho que en su momento hizo correr ríos de tinta y que habías olvidado por completo…(en mi caso, la desaparición del Nani, por ejemplo) y nos sumía (temporalmente, por supuesto, en caso contrario no hubiéramos abierto todavía) en un estado de “encantamiento” ante la fragilidad de la memoria y la constatación de los terriblemente difíciles momentos que ha superado nuestro país. Y eso da ánimos para encarar el presente, que también se las trae.

                                                                          

La Hemeroteca también es una fuente muy usada por los historiadores por lo que es una buena cosa que Archivo y Hemeroteca compartan espacio y recursos.

Archivo, Hemeroteca, Salas de Estudio con amplio horario, acceso a Internet, ¡¡¡¡aparcamiento¡¡¡¡….¿hay quien de más?   

Además de lo que llevamos dicho y conscientes de que a la ciudadanía le hacen falta lugares para estudiar con sus propios apuntes y materiales, hay dos hermosas salas en las que hacerlo. En una de ellas hay ordenadores con acceso a Internet y en la otra, conexión Wi-Fi.

                                                                  Los torrelaveguenses somos centrípetos (todo lo que no esté en la Plaza Mayor, Bulevar, Plaza de Baldomero Iglesias, está “lejos”), característica que nos vendría bien ir modificando porque nos sustrae de disfrutar de servicios realmente cómodos y pensados para el usuario: salas de estudio abiertas desde las cuatro de la tarde hasta las 10 de la noche –excepto en vacaciones-; aire acondicionado, sala de descanso con máquina de bebidas calientes, ¡aparcamiento propio¡ -todo un lujo en nuestra ciudad- y a una distancia de 20 minutos andando desde el puro centro -el Ayuntamiento- y eso, tomando como referencia la zancada  de la que esto les cuenta, que no llega al 1,60 de estatura. La verdad es que, para ser una ciudad dinámica, a veces somos bastante estáticos –y me incluyo.

[Artículo divulgativo publicado en la Revista SEDE en 2011]

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